Carlos Zanón - Poesía: Ilusiones y sueños de 10.000 maletas
Ilusiones y sueños de 10.000 maletas
Editorial Libertarias/Prodhufi
Primera edición: mayo 1996

‘Cuando sientes que los poemas de un autor desconocido echan anclas en tu corazón, cuando sientes que sus palabras se hunden en algún hondo paraje del alma, cuando la lectura es un eco de sentimientos que ya conoces, entonces comprendes que acabas de topar con un gran poeta. Vuelves a mirar su nombre. Se llama Carlos Zanón. Ilusiones & Sueños de 10000 maletas es un cofre repleto de gemas rutilantes y durísimas, gemas desgarradoras, preciosas, impías, surgidas de las entrañas de un Zanón que contempla la vida como una carga –‘hay que levantar el día desde abajo’- que no obstante, afronta sacando pecho: ‘Vamos a llegar hasta el horizonte, hasta el verano, hasta mañana si es preciso’. Ilusiones… posee la fuerza de la desesperanza, el horror profundo, inexorable, del que sabe que, al final del pasillo sólo espera la muerte. Podrás o no compartir las ideas pero afecta. Zanón ha escrito: ‘Sólo existo si me sondan, si me miran y me ven’. Sóndale’.

(Gabi Martínez. Ajoblanco. Octubre 1996)

  • [+] Más Críticas
  • ‘Carlos Zanón té trenta anys i tres llibres de poesia al mercat: El sabor de tu boca borracha, En el parque de los osos (finalista del Premi Nacional d’Irún de Poesia de 1990) i ara Ilusiones & sueños de 10000 maletas. No està malament per a un advocat que cada cop que escriu un vers incurre en la més clamorosa de les contradiccions. Si ens hem de creure la seva afirmació que la lírica sobre el paper és morta i que, si Poe o Baudelaire tretntegessin ara abans tocarien amb els Aerosmith que perdre ni un minut versificant.

    Aquesta temerària afirmació de joventut té exactament el suc que se’n vulgui treure. Pot ser representativa de la vocació d’un poeta fascinat per la mala llet que, simplement, patia la desgràcia de no tenir cap motiu de pes per gastar-ne. Una mica el que els passava a molts punks: ignorants que el lema No future iper si sol, descobri poca cosa més que l’enèsima sopa d’all, s’instal·laven felinos en la seva efímera truculencia –que per durar, hauria hagut de partir de bases més sòlides que un absolut No Past cultural.

    Les seves cartes. No era ben bé el cas de Zanón. Ja en El sabor de tu boca borracha s’evidenciaven alguns dels seus incipients triunfos: familiaritat amb la llengua, una afortunada falta de contemplacions per fer poesia –potser el cos li demana prosa i hi ha un problema de mandra?-, i punyeteria cultural. Perquè en les complictats literàries i musicals –fidel a la seva arrogant declaració de principis juvenils, continua escrivint com si compongués lletres- trobava el vocacional poeta maleït la mala llet que predicava. Cultivant una estètica de dormitoris devastats per espesses trames nocturnes i solituds de cul de got. Zanón guanyava els seus còmplices. Li sobrava la brillantor fácil necesaria per tirar per aquí, i que està estadísticament justificada per la tendència generacional a coincidir en, més o menys, les mateixes lectures i frustracions. Però el seu llibre demostra que Zanón busca alguna justificació més fonda.

    Ilusiones y sueños de 10000 maletas comenta amb una cita de Cortázar, una altra de Lou Reedi un poema-advertiment que s’inicia amb els versos ‘Vamos a atravesar esta noche de invierno/de costa a costa, hecha unos zorros, abierta en canal’. I els últims versos del volum són: ‘No hay gatos de siete vidas ni Barbasazules/ni bailarines rusos exiliados con mejor vida sexual/que un servidor, éste, que aquí te escribe/ tuyo siempre’. La sopa d’all, que no n’hi ha d’altra. Però entremig passen moltes coses.

    Entremig hi ha un llibre cru i que en alguns moments esdevé repugnant de llegir. Una pugna coral de veus fosques, que alternen edat, situació i fins i tot sexe, però que orbiten tossudament entorn del desempar. Tenen totes les claus per mirar d’entendre-ho: des de la ciència a la religió passant per la quiromància i el simple optimisme. Però no hi ha manera.

    Degradació física. I perquè d’això últim no en quedi cap dubte, Zanón opta per un punt de vista radical: la malaltia. El seu poemari està travessat d’orinals i sondes i llençols tacats que cal tancar els ulls mentre indiferents infermeres-una es diu Cora, és clar- cambien pensant en qualsevol altra cosa.

    La truculència es pot desplegar a tort i a dret sense esdevenir mai prou excessiva en aquest context. La truculencia física i la moral: ja no se sap si fa més mal l’obsessiva enumeració de denigracions corporals en les quals és costum no pensar o l’esment del ‘domingo apresurado’ que el visitant del malalt hospitalitzat guarda a la bossa, impacient per reprendre’l quan acabi el tràmit carregós de la visita.

    Hi ha moments d’ofec, moments que el llibre sencer sembla xop en cloroform, afusellat de catèters, i el lector es revolea contra tant d’acarnissament. i és precisament en aquests moments que Zanón fa pampalluguejar els seus duotes existencials. Que, si quan era més jove se solien resoldre en sentències agosarades, ara no passen mai de la tenebrosa ratlla de l’interrogant. De l’angoixa. I així pot sentir com el gat d’Anna Frank se li cargola entre els òrgans, temerós que se li desperti el hitler, o preguntar-se, esgarrifat, fins a quin punt la resurecció de Llàtzer no és infinitament més traumàtica que un naixement convencional.

    I en la incapacitat, filosòfica i poètica, per travesear –de moment- haches llindar interrogador rau la grandeza del llibre. Perquè la mala llet comenta a ser creïble. No una mala llet orgullosament apamada, elegant, maleada: sinó la mala llet autèntica, la que de debó et desperta a mitjanit banyat en suor freda.

    Si la primera poesia de Zanón era d’afirmació, l’última constata humilment que per mantenir tot allò que afirmava ha de passar per la pedra d’un coneixement de causa que pot ser dolorosíssim. el poeta ha crescut i ara ja no en té proa de proclamar que res no és veritat ni mentida.

    (Mala llet amb coneixement de causa.Anna Grau. Avui. Octubre 1996)

    En Ilusiones y sueños... Carlos Zanón controla con más energía las riendas del poema y huye de ciertos deslices sentimentales y clichés de letrista de canción en un tugurio de New york, logrando ya un notable oficio, aquellos que se consigue única y exclusivamente con los años. aquí el poeta juega con contínuas antítesis, abruptísimos encabalgamientos, léxico proveniente de mil zonas de lo real, introduciendo como una normalidad del lenguaje cotidiano datos provenientes de la iconografía y del cine, del exorcismo, del cuento popular, del juego, de los dibujos animados, de los dichos y proverbios o del mito siempre para desmitificar (...) Desde su primer libro, Carlos quiere ceñirse a un lenguaje usual para expresar un planteamiento intelectual, en su más lúcido sentido wordsworthiano, previo al poema. Tiene ya una concepción amplia de los alrededores y del vaijero que va a cruzarse con sus semejantes, con sus calles, edificios, emociones, hechos y pensamientos’.

    (Un maldito de peluche. Jordi Virallonga)

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  • La advertencia.
    Vamos a atravesar esta noche de invierno
    de costa a costa, hecha unos zorros, abierta en canal.
    Vamos a bebernos el viento llegue de donde llegue,
    a cerrar los ojos, con los huesos rotos y la nariz
    sangrando litros de jarabe para la tos.
    Vamos a escudriñar los secretos que se esconden
    en las líneas de nuestras manos, en las vísceras
    de las aves, en el papel blanco de las recetas.
    Vamos a cruzar la tormenta de nieve,
    vamos a vagar por esta interminable
    noche de los olivos.
    A rezar todas las oraciones, a escuchar todos los consejos,
    captaremos la esencia de la vida
    y trataremos de recordar la frase final de los cuentos.
    Vamos a estar más unidos que nunca
    en esta noche de invierno,
    con la lluvia queriendo entrar,
    matándose contra las ventanas, contra el techo
    de nuestra casa de cañas, madera y ladrillo.
    Vamos a llegar hasta el horizonte, hasta el verano,
    hasta mañana si es preciso.

    ¿Qué hay al fondo del pasillo?
    Miedo infantil a la oscuridad,
    miedo de que la muerte vuelva a la vida
    y sepa dónde guardamos el dinero y la sal.
    Es la habitación: no mires.
    Es tu madre, un pez con ojos de pez,
    desovando huevos y canciones italianas.
    ¿Qué esperas para venirte hasta allí,
    a la luz amarilla del fondo del pasillo?
    El crujir del serrín bajo los zapatos,
    la noción de robarlo todo y el dolor
    tan fuerte que ni lo sientes ya.
    Es la habitación: no mires.
    Es tu madre: no la reconocerás.

     

    El brujo.
    El brujo habla y no dice nada.
    Dibuja garabatos en un sobre
    y envía cartas y postales a la muerte
    tratando con direcciones falsas de engañarla.
    La vida es blanca
    y se escribe sobre papel blanco.
    Siempre ha sido así
    ¿por qué iba a cambiar ahora por mí?
    Quizás haya un motivo
    en cada una de mis encías,
    en estos dos hilos de alta tensión,
    quizás un por qué en este río de mercuriio
    que me ennegrece los dientes
    mientras fluye pausadamente
    hacia ningún mar.
    En algún sitio debe haber respuestas.
    Estoy seguro de ello.
    ¿Por qué sino, me avergüenza mi propio dolor,
    por qué muerdo entonces la almohada
    y pruebo de no gritar?
    ¿Por qué aun aquí trato de no molestar,
    de ser mejor que los demás,
    de caer simpático bailando martes y jueves,
    convulso bajo la luz blanca
    que ciega pero no cura,
    saturado de peyote y dexidrina,
    doblado,
    deseando con todas mis fuerzas
    tener alma pero no cuerpo
    pues éste está enfermo y tira hacia adentro,
    pudriéndome las alas de negro,
    de gangrena y tierra.
    En algún sitio debe haber respuestas.
    Seguro.
    Caídos desde el cielo hay ángeles
    que no saben aún que las nubes no son de algodón,
    que todavía creen que de un túnel
    siempre acaba saliendo un tren.
    Sé yo que les molesta hurgar en las llagas,
    mirar a los ojos,
    retirar los meados,
    agujerearnos el culo
    pero también sé que les da igual,
    que todo es normal,
    que pueden vivir a pesar de eso,
    con los días divididos en horarios,
    turnos y medias jornadas
    en el reloj de la sala,
    en el círculo amarillento del pijama
    que todos tratamos de disimular
    cuando nos cambian las sábanas
    y dan la vuelta a nuestro colchón.

     

    Feliz navidad.
    Alguien, con el dedo embadurnado en mermelada
    me dibuja una sonrisa en la cara cada mañana.
    Luego, a veces, me cuelga bolas de colores en la nariz,
    en las uñas, en las orejas, en la comisura de los labios,
    en la hebilla del pantalón
    y me saca al jardín a pasar frío,
    con un rótulo intermitente,
    azul, rojo, verde, azul otra vez:
    todo vendido, no hay habitaciones, feliz navidad.
    Y de tanto en tanto escondo un diafragma en mi vagina,
    y drogas y mapas de tesoros que nadie encontrará jamás.
    Y una vez al mes ese mismo alguien
    con un cuchillo al rojo vivo
    me ciega los ojos
    pero yo pienso en mi madre y lloro.
    A veces bajo al bar y me pago una copa,
    tres monedas en la máquina y una mirada al tendido,
    con la risa tonta de la que no sabe nada
    porque es una idiota con la cabeza
    llena de aire y pajarillos,
    con venas de mimbre y un corazón de porcelana
    que nadie se molestó en romper jamás.