Carlos Zanón - Poesía: En el parque de los osos
En el parque de los osos
Edición: Ayuntamiento de Málaga
2000

‘Resumiendo, cuando uno entra en muchos de estos versos puede ‘observarse’ no sólo ‘observar’, porque la poesía de Carlos Zanón es sustantiva y no adjetiva. Zanón no habla del traidor sino de la traición, no del solitario sino de la soledad, no del deprimido sino del dolor, y lo consigue porque no pretende mostrar lo evidente, lo que se ve, se lee o se oye cada día, sino mostrando, con numerosos artificios retóricos generalmente valiéndose de la aparente inocencia del humor, la parodia o la ironía (que al fin y al cabo no son más que la venganza del vencido, palabras de Baudelarie que no entiendo por qué nadie las esculpe en su lápida), el mundo real al que pretenden acercarse los buenos poetas para desenmascararlo, para nombrarlo, para que lo ‘existamos’, pero en último término, para que el espíritu y la idea no vayan en contra de la civilización’.

(Jordi Virallonga. Carlos Zanón: Un maldito de peluche. Enero 2000).

  • [+] Más Críticas
  • ‘Como si estuviéramos en el parque de los osos, observamos y leemos el pensamiento de un personaje infeliz incluso en su posible alteridad: ‘Si yo fuese otro tendría suficiente con no ser feliz’. Es decir, si fuera como la mayoría de los humanos, podría conseguir la normalidad, pero sucede que necesita, no por existencialista ni por otras zarandajas del estilo, ser quien es ‘con Louis Amstrong desde el fondo del inodoro/llorando por debajo de las ingles/que éste es un mundo maravilloso’, del mismo modo que otros tienen suficiente con las compañías prudentes, el piso, el chalé, las vacaciones, los niños y la tortilla de patatas.

    El personaje poético (perdón por el palabro), que podría ser yo mismo, por ejemplo, intenta desasirse de la opresión que significa vivir en un mundo donde los sentimientos son una carga, por ello rompe cartas llenas ‘de tanta vida’, se promete que ‘el próximo amor me durará siempre’ y se pregunta para qué leer libros si, como Ícaro, llegar al sol significa caer fulminantemente, si luego queda la nostalgia y la certeza de que no sólo el orgasmo es momentáneo, también la pasión, el escalofrío del amor. Devorar y ser devorado. A la postre, como siempre, que más se dio, quien más quiso ver, fue robado y cegado en este parque donde no hay culpables.

    Carlos Zanón habla de un mundo no material, es decir, de un mundo de lujo, porque es el más caro. Aborda las cosas que las personas no pueden pagar con dinero, quizás por ello tantos nuevos espartanos de las finanzas y el yogurt, porque no pueden costearse las cosas del corazón y por ello prefieren no tenerlo. Ser to y tener trabajo, ahí está la dicha, como dejó escrito Gottfried Benn.

    La libertad buscada nace en la alienación, por eso la conciencia del yo poético es contradictoria para cualquiera de sus condiciones (quién es, quién podría ser). Romper todas las relaciones consigo mismo la harían más libre, ‘sin embargo al mismo tiempo no habría nada más absurdo, más desesperado que esta libertad, este esperar, esta inviolabilidad’ palabras de Kafka, claro, del agrimensor K, que aunque no aparezcan en este libro deambulan a lo largo de él, junto a las señas de identidad que, de una u otra forma, forjaron la educación sentimental del poeta y en consecuencia resuenan con otras voces que se suman a la de sus anteriores libros: los Beatles, Bob Dylan, Nina Simone, Don Melitón, los gatos, Barry Lyndon, Alicia en el país de las Maravillas, cuentos, proverbios, tebeos, películas, canciones, etc.

    (Jordi Virallonga. Carlos Zanón: Un maldito de peluche)

  • [+] Poemas Seleccionados
  • En el rompeolas.
    Gota a gota.
    La máquina ósea, el estallido del metal y la sangre.
    Estoy temblando llevo un abrigo estoy sentando
    en el cemento, cerca de las olas.
    Apesta a cerrado apesta a muerto apesta a silencio.
    Y hay niños morenos guapos hombres morenos guapos
    con los cuerpos completamente tatuados
    de águilas azules, cuerpos de mujer,
    cadenas de oro, Cristos y también puñales,
    zambulléndose en las aguas,
    buscando anzuelos,
    piedras con las que romper sueños y cristales.
    Gota a gota,
    el próximo amor me durará siempre.

    Este poema fue seleccionado para la Exposició Fotogràfica de les Biblioteques de Barcelona ‘Tant imatge com Paraula (17 mirades poètiques sobre Barcelona)’

     

    Una estufa tosiendo.
    Un mundo en forma de corazón
    y una mujer que se rompe,
    que se deshace en el mismo plato
    donde el viejo Don Melitón
    hizo bailar a sus tres gatos.
    Un corazón en forma de manzana
    y la estufa tosiendo
    -¡cof,cof!-
    en la habitación donde duermo.
    Debajo de las almohadas se está solo
    Y en los besos polizones
    que viajan, sin tú saberlo,
    en el tren suave y lento de la nostalgia.

    Una manzana en forma de corazón,
    una espalda rota y un nombre extraño.
    Los pájaros gritan enloquecidos,
    atrapados en jaulas celestes
    de promesas nunca dichas,
    alrededor de nuestros conjuros,
    de nuestras cruces en la frente
    de yeso y tinta china.
    Un mundo en forma de estufa
    y una niña de cien años
    -¡cof, cof!-
    en la habitación donde duermo.
    Debajo de otra piel también se está solo.
    Y en los besos de Judas
    que se esconden, sin tú saberlo,
    en la alfombra áspera de los labios.

    Un mundo en forma de corazón,
    una mujer, una manzana
    y una estufa tosiendo
    -¡cof, cof!-
    en la habitación donde duermo.

     

    En el parque de los osos.
    Con un ramo de flores desafía a la tormenta,
    y al pasar, el ciprés saluda con un guiño burlón.
    Las arañas se emborrachan entre las ramas
    con dedales de fruta fresca y licor.
    Eso es todo en el parque de los osos.
    Es fácil esconderse en sus mil rincones
    y ser un erizo como yo también.
    Cadenas de oro, de cuerda, de latón,
    cadenas de esparto,
    cadenas de hueso, de tela, cadenas de papel
    para ceñir las cinturas,
    para atar las manos a las nubes,
    a los días
    que son devorados por el misterio.
    Aros y cadenas de humo y un ramo de flores
    con los que desafiar a la soledad,
    a los hombres y a las canciones de amor.
    Y un amigo llamado Vidrio que vive en una ventana
    y una armónica hecha del material
    de los aviones ligeros, pájaros lentos
    que, al pasar, revientan paredes,
    desbordan ríos y abrazos.
    La luz del amanecer llega
    e incinera labios que no son mas
    que ceniceros de antiguos besos,
    hormiguero atroz preñado
    de cigarras y consonantes.
    Y a pesar de todo, es fácil hacerlo:
    esconderse en el parque de los osos
    y ser un erizo como yo,
    ser un cactus como yo también.
    Y al ir a dormir despedirte del ciprés,
    bajar la basura, cerrar todas las luces,
    con Louis Amstrong desde el fondo del inodoro
    llorando por debajo de las ingles
    que éste es un mundo maravilloso.