Carlos Zanón - Poesía: El sabor de tu boca borracha
El sabor de tu boca borracha
Editorial Nínfula
Segunda edición: mayo 1991
El sabor de tu boca borracha
Editorial Nínfula
Primera edición: abril 1989

'Inspira el libro una actitud desesperanzada, solitaria, nostálgica de la infancia y que se resuelve en una ternura triste, sin promesa de comunicación, pues parte de la abolición de todo mito afectivo -la mujer con la que se comparte labios y muslos resulta tan extraña como el propio yo-. Carlos Zanón muestra afición por los versos largos en los que imágenes de rostros y objetos cotidianos se integran en un discurso a veces irregular pero casi siempre convulsionado por fuertes contrastes entre un mundo soñado y terso y otro áspero e impactante'.

(Rosa Lentini. Hora de poesía. Abril 1989)

  • [+] Más Críticas
  • Más declaradamente poético (en referencia a ‘Diecisiete poemas’ de Roger Wolfe) aunque también ligado estrechamente al sentir del rock, resulta ‘El Sabor De Tu Boca Borracha’, librito de versos libres del barcelonés Carlos Zanón, primer proyecto de una nueva editorial. No se trata de poesía en el sentido habitual del término, sino que está tan cerca de Tom Waits como de Baudelaire, debe tanto a Manolo García como puede debérselo a ‘Rumble Fish’ Abriendo fuego con una cita de una canción de los Velvet Underground, Zanón nos sumerge en un enrarecido mundo interior suspendido entre la voluptuosidad de la alucinación y la más sucia realidad. es poesía hecha de horas muertas, planeada entre sábanas, atraída por la ambigua relación entre dolor y placer, surgida de la palpitante contradicción que engendran los sentimientos. En ocasiones, demasiado literarios, casi siempre tentadores y venenosos, estos versos merecen por lo menos que les eches un vistazo. Seguro que no se te olvida un título tan sugerente: ‘El Sabor De Tu Boca Borracha’.

    (El Sabor De Tus Versos Borrachos. Ignacio Julià. Ruta 66. Mayo 1989)

    Una certa agressivitat, una certa ingenuïtat, un constant escepticisme caracteritzen la poesia barcelonina de les dues últimes dècades. Per barcelonina s’hauria d’entendre el sinònim de la poesia sorgida de l’àmbit exclusivament urbà, trist, de nits allargassades entre edificis desiguals, barris infrahumans, és a dir, tot el que es pugui representar fora de l’abast olímpic. Aquest versos recullen els tres components de la poesia clàssica: les balades escassament líriques es contraposen a l’èpica metafísica sotmesa a un nou existencialisme i a una litúrgia dramàtica de gran efectisme. De la sincronització espontània d’aquest ingredients apareixen els balbucejos de tota una amalgama de trobadors que lluiten sense ser redempcionistes per mostrar-nos la seva perplexitat. D’aquesta poesia de la intuïció, d’aquesta nova espiritualitat formada des de l’estètica rock i mai academicista, han anat sortint poetes amb moltes coses a dir, amb molta por del silenci i sempre lluny dels cenacles habituals.

    Des dels anys de l’underground nombroses revistes han estat a l’aparador, les plataformes de les veus d’aquests custodis del jo enfrontats a la tradició escleròtica i a l’ambient endèmic de les Universitats. Lluny de les fàbriques editorials que puntualment ens ofereixen els consagrats o els productes edulcorats filtrats a través de premis i ajuts, la poesia d’individus com Gerard Horta o Carlos Zanón té més punts de contacte amb les cançons de Morfi Grey o d’El último de la fila que amb poetes com Joan Margarit o Narcís Comadira. La comparació resulta totalment escadussera però il·lustra les diferències abismals entre dues maneres d’entendre la poesia. Els temes poden ser semblants però el to resulta radicalment diferent. Tardes malenconioses, nits incabables, desesperació a dosis resumeixen la intensitat i els efectes de l’ansietat en la poesia d’Horta i de Zanón. Qualsevol blues o el Dylan de Shelter from the storm s’acosta al Zanón que va cap al centre de la tempesta descalç, que no té paraules per anomenar el caos però que vol refugiar-se en ell. (...) Els dos poetes parlen d’àngels caiguts, de perplexitat, de caos, d’angúnia vital, d’ambients claustrofòbics, d’amors a trossos amb ritme de rock’n’roll. Ens parlen d’allò que només entenen els que saben que no tot és pujada i que sempre es pot trobar una ànima amiga a l’altra banda de les pàgines.

    (Arcàngels del ‘afterpunk’. David Castillo. Avui. Abril 1991)

  • [+] Poemas Seleccionados
  • Ella se acurrucaba en un bostezo
    buscando dormirse en una de las grutas
    que se forman en el mar, a veces.
    Con un coral rojo brillando en la oscuridad
    y un mal veneno corriendo por sus venas,
    ella descendía de su torre tallada en hielo
    con inmensas almenas de nieve
    y las ventanas pintadas en azul y quizás
    también en negro.
    Y su amante entonces, alargaba
    lo más que podía los brazos
    mientras ella desnudaba sus pechos contra las rejas.
    Había noches en las que llovía mansamente.
    Eran aquellas noches en las que ella dormía
    bajo mis mismas sábanas,
    en el calor de mis brazos muertos,
    en las que hablaba muy bajo
    como si sus mejores caricias fueran ésas…
    No hay ningún beso ni el roce
    de ninguno de mis dedos
    que no temblase al seguir la línea de plata
    que llevaba hasta el pantano de sus caderas.
    Y mientras yo violaba lo inaccesible,
    su amante escribía un nombre en el cristal de la ventana,
    recogía lunas completamente rotas
    en la entrepierna de sus pantalones ajados y sucios.
    Algunas noches, aquellas
    en las que mansamente llovía,
    ella secaba las gotas de rocío en la arena
    mientras a lo lejos, el horizonte era rojo y frágil.

     

    Sin cara, sin gestos, sin labios,
    sin voz ni dedos,
    sonámbula sobre mi pecho,
    en mi cama, en mi casa y en mi cuerpo
    la agonía de los océanos azules,
    de los besos inmensos y lejanos,
    sobrevuelas, envuelta en pieles de cebolla,
    medusa,
    tules y velos de novia ennegrecidos.
    En ceniza y en recuerdos.
    Sin cara, sin gestos, sin labios,
    sin voz ni dedos,
    ¿he estado amando a una condenada
    o es que me estoy enamorando de una muerta?
    pan duro y agua, agua y pan duro.
    Rompe mi cuerpo, rómpeme los huesos,
    porque sólo soy el ser que se ató
    las muñecas
    al rizado hilo de un teléfono,
    a tu pelo y a tu nombre.
    ¿Qué importa si tenía un nuevo amantes,
    si me amabas o me odiabas
    o si tan sólo tratabas de olvidarme…?
    Sólo soy el ser que aún hoy, guarda
    una carta tuya,
    un regalo
    o una pista para entender algo.
    Pan duro y agua, agua y pan duro.
    Quiero que empapes tu vestido de sudor
    y me lo envíes.
    No me hará daño tenerlo,
    sólo un poco quizás.
    Me lo pondré cuando me sienta solo,
    tan solo como hoy.
    Cuando la cosas no me vayan bien
    y así parecerá que no te has ido del todo.
    Sin cara, sin gestos, sin labios,
    sin voz ni dedos,
    te arrastras por el suelo,
    manchas las paredes
    y me esperas entre las sábanas.
    La máquina ósea, la máquina letal.
    Y la vida, disfrazada de maldita serpiente de luz
    se me enrosca quebrándome la espalda,
    en un terrible y lascivo abrazo de amor,
    en mi cama, en mi casa y en mi cuerpo.
    Dormiré bajo tu lengua,
    en tus noches de mujer enamorada,
    empapado de miedo y nostalgia,
    ordenando el caos,
    una y otra vez
    hasta que acabe esta pesadilla.
    Este dolor es puro,
    este llanto inútil,
    esta espera es cruel.
    Aprendiendo a vivir,
    inquilino y huésped.
    En mi cama, en mi casa y en mi cuerpo.
    Y mañana a las dos irrumpirás
    como Tom Sawyer,
    para convertir las lágrimas en polvo de estrellas,
    y la tragedia en una lluvia fina y cansina.
    Y más tarde, a las ocho,
    esperaré en el portal de tu casa
    a que bajes y me digas: “¿A dónde vamos?”.
    Pan duro y agua, agua y pan duro.

     

    No sé por qué pero los náufragos
    siempre tenemos una caja de cartón bajo la cama
    donde guardamos toda la lluvia caída,
    las cartas que nunca nos atrevimos a enviar.
    Dorados los cabellos,
    esta indolente luz de domingo
    parece ser la única verdad tras la tormenta.
    Es la misma lengua que ayer
    bañó en azufre la noche,
    que selló nuestros labios con besos de esparto,
    aquélla que se vistió de mujer siendo hombre,
    fumadora de los cigarros más largos que existen.
    Golpear todas las puertas,abrir todos los ventanales,
    romper el horizonte hasta obtener una respuesta…
    Diamantes de sal resbalan
    por tu cuello de cisne ensangrentado
    hasta la cuenca de tus pechos, grandes y negros.
    Estás dormida para ver pasar los pájaros de largo,
    para acercarte a la muerte, volver y no mirar atrás.
    La habitación, barata y sucia
    -ya lo sé, ya lo sé, ya lo sé-
    pero el misterio de sus salas enmoquetadas,
    sus techos altos y el sabor amargo de la miseria
    me servirán para escribir una novela
    dentro de cien, mil años
    y pudrirme en oro y locas mujeres
    que abandonarán
    a sus maridos en horas convenidas
    para estar aquí y sentir este dolor.
    La redención de las flores oscuras
    y los árboles podridos por la mitad,
    el éxodo de cangrejos y alacranes,
    de cadáveres que siempre bromean
    mientras beben agua helada.
    Sí, esta noche fue todo pero no habrá más.
    Sin embargo, tú, mi niña,
    mi cumbre, mi valle y mi abismo,
    cumple tu promesa y escríbeme.
    No importa de qué o por qué.
    Guardaré tu carta bajo mi cama,
    en la caja de cartón empapada de lluvia.
    Hazlo, por favor, porque la vida es letra
    y la dirección nunca importó lo más mínimo:
    lejos de cárceles y buzones,
    la nostalgia siempre supo llegar.