Carlos Zanón - Fauna Zanón: Werther
La Vanguardia - 17.01.2017
Werther

El amor romántico es de las aportaciones más poderosas de Occidente. Calamitosa si se quiere, pero excitante, porque estar enamorado es ser el centro del mundo por unos días, meses o años. Es ser mirado y reconocido y visto, convencido de que tu existencia condiciona el futuro del universo. Te aman o amas o –preferiblemente– ambas cosas y te invistes de un sentido armónico, completo sin el que te parece imposible seguir viviendo. Antes de que los juglares y trovadores decidieran inventarse esto de enamorarse sólo había dos tipos de pulsión amorosa. El furor sexual o el amor a un prójimo indiferenciado. El amor trovadoresco individualiza el amar y lo sirve como arte. Conviertes en dios o diosa el objeto al que amas. Eliges a alguien entre los demás. Sólo será ese. Y si no es ese no quieres nada. Y si no lo tienes, no te quieres ni a ti.