Carlos Zanón - Fauna Zanón: Tarantino, drogas y rock’n’roll
La Vanguardia - 13.08.2019
Tarantino, drogas y rock’n’roll

Tarantino llegó a primeros de los noventa, y como nosotros era carne de videoclub y fanzine con The Cramps en portada. Feo, charlatán y friki sí pero también entusiasta y talentoso. Adoramos desde el principio esa versión caníbal y yanqui de pasión cinéfila. Fue fácil compartir con él la fascinación hacia actores y actrices, estrellas brillantes o ya en el cajón de lo obsoleto, pero que se morían por una buena oportunidad. También su auténtica bulimia peliculera, su reivindicación y deseo de insertarse tanto en una tradición como en la globalidad, saqueando a tirios y coreanos, todas las estanterías posibles de la cultura popular. Bendito seas, Quentin Tarantino.

Película a película –sólo nos queda una si respeta su malévolo plan de hacer diez y retirarse–, el tipo nos ha regalado no menos de una docena de lugares donde quedarse atrapado para siempre. La vida real, sea eso lo que sea, no tiene nada que hacer contra una existencia dentro de un filme de talento. Comparado con el gozo mental de disolverte en una película, lo real –sea eso lo que sea– es ya una partida en claro game over.