Carlos Zanón - Fauna Zanón: Navidad por horas
La Vanguardia - 20.12.2016
Navidad por horas

Hace algunos años trabajé de recepcionista en un local de habitaciones por horas. El dueño del negocio, un dignísimo prohombre de la ciudad, cuidaba que por estas fechas dispusiéramos adornos, árbol de Navidad, renos y nacimiento. Dado que la mayoría de la gente que nos alquilaba las habitaciones engañaba a sus parejas, a mi compañero se le ocurrió que el papel de San José era conflictivo y, respetuosamente, escondimos su figura del Nacimiento. Teníamos río, puente, pastores adorando y estrellas y un San José fuera de foco, embozado tras una montaña de corcho y un telar, loco de celos y oprobio. Gente extraña hay por todos lados. Mi compañero era uno de ellos.

Las Navidades cambiaban más cosas. El hilo musical furtivamente romántico –de Lionel Richie a Paloma brava– pasaba a ser villancicos. En el televisor, además del canal porno de rigor, teníamos una secuencia de 37 segundos de unos troncos quemándose en una chimenea para crear atmósfera de cabaña y pasión sobre piel de oso polar. La secuencia –acababa cuando un tronco caía sobre otro– estaba enlazada ad infinítum pero algunos clientes solicitaban que se lo quitáramos porque les agobiaba lo que entendían una incómoda metáfora. Un local de esos les puede parecer un lugar emocionante y morboso para trabajar, pero les aseguro que no lo es. Es bastante deprimente si uno tiene un espíritu romántico como el mío y las paredes son de papel. La situación se agrava si además te enamoras de una de las clientes.