Carlos Zanón - Fauna Zanón: Memorias de un suplente
La Vanguardia - 03.11.2019
Memorias de un suplente

De niño y adolescente, como jugador, siempre quise que perdiera mi equipo. Me refiero a equipos con cara y ojos. Es decir, uniforme con el número a la espalda, desplazamientos en coches con padres ajenos, vestuarios con olor a linimento, violación y cloaca, tardes de sábado, domingos por la mañana. Masajistas cupletistas, delegados corruptos, el hijo del presi que siempre jugaba, grupos de chicas en falsete, abuelos en tabardos, cigarrillos, líneas blancas en los pantalones y banquillos de cemento. La novela que debería escribir sería una guía de todos y cada uno de los banquillos –visitante o local– de toda Catalunya.
Quería yo que perdiera mi equipo porque nunca jugaba. Inmerso en una equidistancia que me atormenta desde entonces yo no era lo suficientemente bueno para ser titular pero tampoco tan rematadamente malo como para quedarme en casa y no ir convocado. Mi mejor amigo era un poco peor que yo y, al menos podía comer tranquilo, no pasar frío a las ocho de la mañana en Manresa y salir con nuestras amigas comunes yendo al centro a emborracharse de sangría y expectativas.