Carlos Zanón - Fauna Zanón: Liz O’Riordan
La Vanguardia - 23.01.2018
Liz O’Riordan

Ella apareció un día para suplir una baja de maternidad. Era pelirroja y decía que tocaba el violín. De niña, los otros críos la llamaban por el interfono para que bajara a jugar con ellos. Ella se resistía: estaba bien en casa con sus libros y sus fantasías. Se hacía llamar Liz. Tenía apellidos egregios. A pesar de refranes, consejos y axiomas uno acaba enamorándose en el lugar donde trabaja. Intercambiábamos grabaciones, enlaces que llevaban a películas, y en una de ellas me envió una, hongkonesa, de amores a ritmo de carrera, encuentros y pérdidas entre un guardia de tráfico y una camarera. Cuando él la iba a buscar, ella ya no estaba ahí y al revés, esos enredos. En la película había una versión en chino de una canción de los Cranberries. Liz hacía miles de fotocopias y se dejaba los originales en la máquina. Yo nunca tomé tanto café en toda mi vida. Decía que tenía sangre irlandesa pero eso lo dice cualquiera a cualquier hora.