Carlos Zanón - Fauna Zanón: Las casas de los otros
La Vanguardia - 11.07.2018
Las casas de los otros

Cuando acababan las clases acompañaba a mi abuela a hacer casas. Había algo mágico en tener las llaves de las casas de los otros. Entrar cuando los otros no estaban era como hacerlo dentro de un secreto. Recuerdo el trayecto en autobús. El ruido de la ida, la melancolía de los dos al volver. También el silencio de las casas de los otros, el sonido de las cerraduras al abrirse con las llaves de los otros. Entrabas despacio, lo cual demostraba que aquélla no era tu casa sino la casa de otros y mostrabas respeto. También temor a que pudiera haber alguien y asustarle. O encontrarte a un fantasma. Un fantasma de los otros. Otras ausencias con sus ropas, relojes y fotografías en marcos de vivos y muertos. En las casas de los otros siempre parecía que estuvieras robando algo, profanando tumbas como en el Valle de los Reyes en esa época de tu vida en que los egipcios te fascinan aunque acabasen por ponerte siempre triste: con sus faraones niños, sus momias en museos británicos, tanta arena, tanto sol y tantas plagas.