Carlos Zanón - Fauna Zanón: La madre pantera
La Vanguardia - 13.08.2020
La madre pantera

Como depredadora mi madre exhibía tres velocidades: muy lenta, lenta y vertiginosa. Parecen pocas, pero un gran felino no necesita más. Si la observabas esperándome –pan y chocolate en mano– a la puerta de la guardería, comprando en el mercado de Virrei Amat o despachando vestidos ibicencos en la boutique, parecía ser un animal dócil y predecible. Nada más lejos de la realidad.

La velocidad muy lenta era la que permitía a mi madre atacar mientras al mismo tiempo hacía el resto de multi­funciones: comprar toneladas de víveres, cocinarlas, hablar sin parar, reñir a bulto, educar en carrera, cuidar a todos, limpiar, barrer y ordenar, coger el autobús para ir a ver a su prima en Horta y arreglar para nosotros la ropa que le daba su prima en Horta. También tenía vecinas y amigas, todas con peinados Mars Attacks , vestidos sin mangas y adictas a la televisión y a Tom Jones. Las amigas de mi madre, también felinos pero no tan bellos como ella, utilizaban un mismo lenguaje trufado de sobreentendidos y eufemismos que te volaban la cabeza. “Le hizo el salto”. “Ella hacía el asunto”. “Murió de un mal feo”. Para que luego le hablen a uno de metalenguaje.