Carlos Zanón - Fauna Zanón: Jugar en la calle
La Vanguardia - 04.08.2019
Jugar en la calle

Desde crío uno supo que podía jugar al fútbol en cualquier sitio. En un pasillo, en una habitación o en un ataúd. El fútbol es junto al amor y el rock ‘n’ rollel juego más divertido del mundo. Sus dimensiones, inabarcables, así como sus probabilidades casi infinitas hacen que pueda pasar cualquier cosa, ganar y perder cualquiera, de la forma más épica, decente o miserable que se tercie. El fútbol, el amor, el rock’n’roll han de regresar cada cierto tiempo a la calle para volver a ser divertidos. Por eso lo jugabas en cualquier sitio, de cualquier manera. Por eso amabas a quien querías y escuchabas las canciones que casi con toda probabilidad no debías escuchar. Da igual que tus padres te lo prohibieran o te castigaran sin balón o sin entreno o sin poder bajar a la calle a jugar a fútbol, a seguir viéndote con tu novia o con esos amigos con esas pintas y esas cazadoras. En tu habitación podías pensar cualquier cosa, podías ser cualquiera, pero era en la calle cuando las cosas, esas mismas que habías imaginado y pensado, podían suceder. Cuando se apagaban las luces soñabas con goles, soñabas con jugadas, soñabas con que todas las pelotas rebotaban hacia ti, y tú enganchabas la bola, cabeceabas en plancha, marcabas en el último minuto del mismo modo que reproducías todas las veces que te habías cruzado la mirada con esa chica o soñabas con canciones, miles de ellas, soñabas con tocar, soñabas con no parar de tocar y jugar y amar. Pero todo eso no era nada sin calle.