Carlos Zanón - Fauna Zanón: Jugadores lágrima
La Vanguardia - 02.09.2018
Jugadores lágrima

Hubo un tiempo en que los jugadores de fútbol no lloraban. Les aseguro que es cierto. Los jugadores también se iban de un club con permanencias mucho más longevas que las actuales pero no lloraban. Algunos, si acaso se despedían de su público en el campo con los sentimientos en el pecho como un gato en una caja de zapatos. Y si a alguno se le humedecían los ojos simulaba que se le había metido algo en el ojo. La única excepción fue la de Johan Neeskens, pero aquélla fue la primera y última ejecución sumaria en la plaza Sant Jaume. El último en romperse ha sido el defensa argentino y capitán del Sevilla, Nico Pareja. Se va del club para ir al Atlas de México. Es obvio que el rol masculino ha cambiado y aquello de que los hombres no lloran era una memez represora. Pero como suele ser habitual en el gen competitivo masculino ya que puedo llorar, voy a llorar a saco y por todo y ganarme una Estrella Michelin del Lloro. Y que conste que me parece muy bien llorar hasta el colapso pero había algo digno en reservarte las cosas que más te afectaban para lo privado. Tenía su dignidad comprobar que alguien controlaba lo que sentía, lo que decía y lo que pensaba. Pero el mundo de las televisiones y, en especial, ese nido de víboras cobardes de las redes sociales han instaurado la pornografía a todos los niveles. Todo el mundo ha de ver cómo cocinamos, cómo nos peleamos, cómo somos generosos y cómo lloramos de esa pena grande que nos está matando. El planteamiento de una despedida de un jugador ya sea porque se retira o porque se marcha a otro equipo –uno mejor o que le paga más o más cerca de sus orígenes– ordena todos los elementos, compañeros, familia, niños, presidente y utilleros en una dramaturgia letal como una pitón negra. Todo lleva al orgásmico momento en que el jugador se rompe en medio de una frase.