Carlos Zanón - Fauna Zanón: Cuando el taxi se convierte en confesionario
La Vanguardia - Magazine - 01.10.2017
Cuando el taxi se convierte en confesionario

“Mi padre me dijo siempre que fuera cualquier cosa menos taxista”, dice el escritor Carlos Zanón (Barcelona, 1966), hijo y nieto de taxistas, al volante de un vehículo que le ha prestado un amigo en su día libre. “Cuando jubilaba sus coches de trabajo, los pintaba de negro y me los regalaba. Recuerdo un Supermirafiori, yo le dije: ‘Papá, parece un coche funerario’, se picó y le puso una raya blanca con cinta aislante para que pareciera el coche de Starsky y Hutch, más juvenil”. “Es una vida mucho más dura de lo que parece, muy ingrata, le han quedado 400 euros de pensión”, prosigue, con la vista fija en el lateral de la Rambla de Barcelona, por el que cruza de repente un turista en precario equilibrio. “Su día de fiesta era el miércoles, con lo que los fines de semana no íbamos nunca a ningún sitio”. Quizá fue eso lo que le convirtió en tan buen lector. “Me decía: ‘Salgo de casa y no sé adónde voy a ir. Me da igual. Soy como las bolas de billar que van de aquí para allá. Como si echas a nadar y no sabes dónde vas’. Era una idea melancólica y muy triste, eso de que todo depende de la casualidad, es una metáfora de la vida, siempre dependes de quien se suba a tu taxi”, reflexiona.