Carlos Zanón - Fauna Zanón: Cada uno con su taza
La Vanguardia - 19.03.2020
Cada uno con su taza

Arrastro los pies por el pasillo del apartamento donde llevamos confinados tres o cuatro (quizás cinco) días. Es por la mañana. Da igual la hora. Aún sin gafas me cruzo con una sombra pijamesca. Gruño, me gruñen. Benditos sonidos de tribu. Trato de entrar en el lavabo pequeño pero está ocupado. Opto por el grande y tengo más suerte. Me lavo las manos con salfumán, orino, me las vuelvo a lavar esta vez con lejía y me emplazo a ducharme en cuanto haya recuperado la sensibilidad en cualquiera de mis dos manos. En la cocina cojo una de las tazas –al azar, una de la portada del Rubber soul–, veo que hay café hecho y me sirvo. Añado leche de avena. Compruebo que en la nevera hay provisiones hasta Sant Esteve y caliento mi desayuno. Allí está mi mujer, Eileen, detrás de una taza con la cara de Leonard Cohen. Teletrabajo y una sonrisa que solía ser espectacular antes del confinamiento a partir de las diez de la mañana. Eileen cruza la cocina –nada, dos pasos, no se crean ustedes–, nos damos un beso con los codos –chúpate ésa, Cole Porter– y va hasta el comedor a desayunar con Adrià, nuestro hijo.