Carlos Zanón - Fauna Zanón: Anagramaland
La Vanguardia - 24.09.2019
Anagramaland

Para muchos de nosotros, nuestra vida sería distinta sin los libros de Anagrama, que estos días cumple cincuenta años. Leeríamos, escribiríamos, viviríamos de otra manera. Porque hay libros de los que uno no sale igual. Y muchos de ellos, en mi caso, pertenecían a ese país llamado Anagrama, un sello que pareció hacer bueno cualquier contenido. Puedo enumerar, sin necesidad de levantarme de donde escribo estas líneas y husmear en mi biblioteca, mi primer flechazo, Crónicas de motel de Sam Shepard, saber quién me regaló aquél (el “ Reposo del guerrero ) de Christiane Rochefort, para que entendiera mejor su amor enfermizo por otro hombre– o el hermano de aquella amiga donde una tarde tomé prestado todos los diminutos libros de Thomas Bernhard ( El origen/El sótano/El aliento/El frío/Un niño ). Es obvia la conjura franquicia, ese gorro de cazador que llevabas –sin saberlo– encasquetado desde siempre en la cabeza, y dejarse llevar hacia todas las vacaciones que uno pasó en provincias de Anagramaland a las que llegabas sin saber muy bien cómo. Eran pasos perdidos, indicaciones de amigos, visitas a librerías, títulos o portadas que atraían como imanes y así, de pronto, pasabas meses con Capote, con Nabokov o con Highsmith. Te sabes todas las portadas de neón de Bukovski, libros ingeridos como benzedrinas.